Europa lucha para salvar Copenhague

Una sombra de escepticismo planea sobre la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático. Mientras Estados Unidos y China, autores del 40% de las emisiones globales dicen no al recorte vinculante de CO2, la Unión Europea trata de reforzar una cumbre que arranca descafeinada.

La cuenta atrás para la Cumbre de Copenhague comienza ya teñida de escepticismo. Desde que China y Estados Unidos, responsables del 40 por ciento de las emisiones mundiales, hicieran público en Singapur que no llegarán a ningún acuerdo vinculante para la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), la cita del 7 al 18 de diciembre en la que se esperaba crear un futuro post Kioto (a partir de 2012) parece que ha concluido ya antes de empezar. Pero si el anuncio negativo para la lucha contra el cambio climático venía de Singapur, en Estocolmo, en cambio, se lograba días después que el presidente ruso, Dmitri Medvedev, anunciara que Rusia asumirá uno de los objetivos formulados por la Unión Europea: disminuir las emisiones de 1990 en un 20 por ciento para el horizonte 2020.

Tratar de reforzar la cumbre descafeinada, ésa es la tarea en la que está hoy inmersa la Unión Europea, que se niega a echar tierra sobre la cita antes de que ésta comience. La razón: Estados Unidos y China no son los únicos países contaminantes y no se puede posponer un acuerdo del que depende que la temperatura de la Tierra se pueda llegar a incrementar hasta en seis grados centígrados a finales de este siglo de no tomar ya medidas urgentes. En definitiva, más vale que el resto de países llegue a un acuerdo que no hacer nada hasta la cita de 2010 en México, al menos para poder convencer entonces, con el esfuerzo de otros países, a un Obama que muchos ven ya como no tan verde. Pero, ¿cuáles son los compromisos que abandera la Unión Europea para que la temperatura media global no supere los 2ºC con respecto a los niveles de la era preindustrial? ¿Son todos tan verdes y realistas como parecen o en algunos casos es sólo cuestión de maquillaje? ¿Servirán para sacar del estancamiento la negociación de la futura Conferencia sobre Cambio Climático organizada por Naciones Unidas?


«Mercadeo» de cifras

Uno de los compromisos de Europa es lograr un acuerdo vinculante para que todos los países recorten las emisiones de 1990 en un 20 por ciento para 2020 y en un 50 por ciento para 2050. El primer objetivo por cierto no es nuevo en Europa, que ya se había marcado para los países miembros ese recorte dentro de aquel famoso 20, 20, 20 (CO2, renovables y ahorro energético) para el horizonte 2020. Aunque en esta ocasión, la Unión Europea reclama que esa medida (una parte de su Plan de Lucha Contra el Cambio Climático aprobado hace más de un  año) sea de carácter vinculante. Un objetivo que podría incrementarse hasta el 30 por ciento en 2020 y hasta el 80 por ciento en 2050.

Lograr ese 30 por ciento es otro de los compromisos a los que llegaría la Unión Europea sólo si otros países desarrollados acuerdan reducciones similares. ¿Reducciones similares? ¿De cuántos países? Muchas preguntas abiertas sin respuesta que hacen pensar que, con o sin la decisión de Estados Unidos y China, va a resultar más que difícil de aprobarse.

Ahora bien, el mercadeo de cifras no ha cesado en las últimas semanas. Al anuncio de Rusia hay que sumar que Escocia estaría de acuerdo en reducir en un 42 por ciento los gases de efecto invernadero de 1990 para 2020, Noruega en un 40 y Japón en un 25 por ciento, tal y como han ido anunciando en los últimos meses los distintos gobiernos. Ahora bien, parece que sin Estados Unidos, que está a la espera de que en marzo el Senado apruebe un recorte del 17 por ciento de las emisiones, el compromiso de alcanzar ese 30 por ciento de reducción de media en la Unión Europea se desintegra.

«Nadie pone en duda el compromiso internacional obligatorio del 20 por ciento, eso ya está decidido. Sobre reducir el 30 por ciento de las emisiones no hay una decisión aún. El Parlamento Europeo lo tiene que debatir en Estrasburgo la próxima semana y sólo se habría dicho que sí si hay un acuerdo, si no lo hay, como parece muy previsible que suceda, no habrá que tomar esta decisión. De hecho, sin Estados Unidos sería un poco raro que la hubiera», explica la parlamentaria europea del PP, Pilar del Castillo. La que fuera en otro tiempo ministra de Educación también insistió en la idea de que si los países más contaminantes no van a llegar a un acuerdo vinculante tal y como ya han anunciado habría que «abrir un debate para “resituar” la situación. Para no parar de andar en la lucha contra el cambio climático es necesario ver qué hacemos para que otros países se sumen, sin por ello descartar un futuro acuerdo internacional».

«Europa –prosigue–, que sólo es responsable del 14 por ciento de las emisiones de CO2 globales, tiene que seguir defendiendo sus posiciones. Pero nos tenemos que plantear si las vías para alcanzar el objetivo son las adecuadas. Yo personalmente creo que hay que reflexionar al respecto cuando otros países que son clave en materia de emisiones no están ahora de acuerdo en suscribir un compromiso internacional de esta naturaleza. Hay que ver qué nos impide caminar en dos o tres fases para alcanzar ese objetivo internacional y hablar también de otras posibilidades para no quedarnos paralizados», añadió.

Para el eurodiputado Raúl Romeva, de los Verdes ALE, decir que se llegará al compromiso del 30 por ciento si hay acuerdo «es una forma de decir que no se va a pasar del 20 por ciento. Aunque es verdad que hay una parte de decisión de la UE que está condicionada a lo que ocurra en Copenhague, hay una parte que no, por lo que puede asumir un liderazgo que todavía no ha asumido. Afirman que no reducirán en un 30 por ciento las emisiones si otros países desarrollados no fijan similares objetivos aludiendo que no quieren perder competitividad. El problema es el propio concepto de competitividad. Algunos lo que defendemos, invertir en renovables, es invertir en competivitivdad. Es cuestión de opciones».

Otro de los compromisos que ya fue anunciado por la Unión Europea es aquello de que darán 100.000 millones de euros en la lucha contra el cambio climático. Lo que está aún por decidirse es qué porcentaje se destinará a los países en desarrollo.


PIB

Por ahora, el mínimo fijado para que ellos hagan los cambios estructurales necesarios en sus países para adaptarse son 15.000 millones de euros al año en 2020. Pero falta por acordar en Estrasburgo si esa cifra podría ser 30.000 millones. «Por ahora la propuesta son 15.000 millones. Nosotros hemos propuesto que sean no menos de 35.000 millones», dice Romeva.

En este sentido, los socialistas europeos proponen que una parte del PIB se destine a la lucha contra el cambio climático, aunque eso sí, «sin establecer un porcentaje concreto», como afirma el eurodiputado socialista Andrés  Perelló. «Con el cambio climático nos jugamos ya no qué futuro vamos a tener, sino si vamos a tenerlo o no. Los países que más podrían hacer en esta línea, como EE UU, se resisten», recuerda el eurodiputado socialista Enrique Guerrero. «No se puede decir que lo que no resolvamos en 2009 lo vamos a hacer en 2012. Cuanto más se tarde actuemos, más cara será la respuesta», añade.

Otra de las medidas que podría cambiar en Copenhague son los actuales mecanismos de desarrollo limpio (MDL). En Europa se están planteando si deberían transformarse estos mecanismos basados en proyectos en enfoques sectoriales, ya que los MDL requieren demasiado esfuerzo para la reducción de emisiones de CO2 que se logra, mientras que si se hace por sectores (por ejemplo, en edificios) el recorte de CO2 sería mayor. Algo en lo que muchos eurodiputados, como Del Castillo, están de acuerdo.

Éstas son algunas de las líneas que defenderá Europa en Copenhague con el fin de evitar su estancamiento antes de empezar. Ahora sólo es cuestión de esperar y ver si los países logran un futuro post Kioto este año o hay que esperar a la cumbre de México en 2010, por mucho que el clima no espera. La temperatura mundial ya se ha incrementado en 0,74 por ciento en el último siglo.

Fuente:    LARAZON

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