La solución a las emisiones de CO2 está en el fondo del mar

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Bosques manglares, marismas y praderas submarinas son cruciales en la lucha contra el cambio climático por su elevado poder de captura, su extensión y su bajo coste.

Los países participantes en la cumbre de Copenhague ya tienen perfectamente definidas las estrategias que van a defender. Muchos científicos no ocultan su escepticismo ante los resultados del encuentro, pero la mayoría considera que es una excelente oportunidad de poner sobre la mesa nuevas propuestas.

Una de las opciones más consistentes es la de recuperar los ecosistemas marinos, especialmente los bosques manglares y las praderas submarinas, una idea que presentará India. Las razones están claras: “Estos ecosistemas capturan de la atmósfera una cantidad de carbono equiparable a la mitad de las emisiones anuales del sector del transporte y son una opción para los países en desarrollo”, sostiene el oceanógrafo Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), del CSIC.

El informe Blue Carbon, publicado el pasado mes de octubre por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la FAO y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco, y del que es coautor Duarte, destaca que los bosques verdes –considerados grandes tumbas de carbono– capturan una tonelada por hectárea y año, mientras que los bosques azules (marinos) absorben 17 toneladas.

Pero existe un problema crucial: la superficie de bosques azules merma entre un 2% y un 7% cada año, debido, entre otras razones, a la pesca de arrastre, la pérdida de líneas de costa y a la utilización de los océanos. “Es preciso frenar la degradación de un ecosistema que genera valor”, destacó ayer Carlos Duarte durante su participación en el debate El papel de los ecosistemas marinos en la provisión de bienes y servicios a la sociedad, celebrado en la Fundación BBVA.

Fondo mundial
Para alcanzar la meta de que los bosques marinos capten la mitad de las emisiones generadas por el transporte sería necesario recuperar 300.000 kilómetros cuadrados, “una meta que se alcanzaría en 20 o 30 años, ya que tenemos el conocimiento científico y las herramientas precisas para hacerlo”. Un ejemplo de que estos cálculos son reales es el bosque manglar del delta del Mekong, en Vietnam, que quedó totalmente destruido por la aviación norteamericana y ahora “constituye la recuperación de ecosistemas marinos más importantes”.

Los países candidatos a esta estrategia son Latinoamérica, Asia, Caribe, costa oriental de África y las islas del Pacífico, y para ayudarles se ha propuesto la creación de un fondo financiero internacional, que “ya está estudiando el Banco Mundial”, y que se nutriría de las aportaciones de los países desarrollados.

El profesor Íñigo Losada, de la Universidad de Cantabria, añadió que “la pérdida de estos ecosistemas aumentó los desastres ocasionados por el tsunami del Sureste asiático de 2004 y el huracán Katrina”, y subrayó que la recuperación de estos bosques también tiene interés económico, porque ejercen un papel de contención como las barreras artificiales pero son mucho más baratos.

Si tienen tantas ventajas, ¿por qué se infravaloran los ecosistemas costeros? Para Duarte la respuesta es clara: “Carecen de carisma”.

Biopiratería en aguas internacionales
Los humanos hemos domesticado en algo más de dos mil años el 90% de los organismos terrestres, pero en el último siglo nos hemos lanzado a la conquista de los organismos marinos. Además de las 3.000 especies destinadas a la alimentación, se han descrito más de 18.000 compuestos de origen marino con potencial farmacológico y se han solicitado las patentes de otras 4.900 secuencias de ADN de estos organismos.

El investigador Jesús Arrieta, del Imedea-CSIC, destacó ayer en el encuentro de la Fundación BBVA que entre los años 1980 y 2010 se ha producido un incremento muy acusado del descubrimiento de organismos con potencial terapéutico, aunque, por ahora, sólo se han patentado el 12%. “No se trata de extraer todos esos organismos para fabricar productos con fines comerciales, sino que cuando se descubre una determinada propiedad, se intenta reproducir mediante biotecnología”.

Arrieta destacó que Estados Unidos lidera la exploración marina, aunque reconoció el papel que hace en España la compañía PharmaMar. Un asunto que hay que resolver es el de la propiedad de las patentes marinas, ya que “muchos organismos se encuentran en aguas internacionales, donde no llega la legislación. Además, las solicitudes de patentes no exigen indicar la procedencia del recurso. Estos vacíos legales favorecen la biopiratería”.

Fuente:     EXPANSION

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